El cantar de un pájaro era la melodía que me acompañaba, la respiración de mi fiel compañera era el presagio de una soledad eterna. Intentaba concentrarme en cosas burdas para no reflexionar en lo sucedido, el destino marcaba la hora de una cita a la cual no podía faltar. Enfocaba mi sentir en el aquí y ahora, alucinaba con lo que me esperaba, sabía perfectamente de las consecuencias y me aterraba la posibilidad de perder mi libertad...¿ escapar? esa no era la respuesta oportuna, la ineptitud de no conocer a la mente humana trae consigo una falta muy grave que atenta contra toda voluntad, un sabor amargo al alma, una esclavitud espiritual.
Un temblor se apoderó de mi ser, la sangre fría como la hiel me recordaba la perturbación que le había ocasionado.Tenía que resolver aquel problema; la soberbia y el rencor se habían apoderado mí en aquel instante. En este preciso momento, en mí residencia solitaria, el dolor y el arrepentimiento se hacen presentes. Es una lucha interna, una batalla entre mi orgullo e inteligencia, una burla a mi sano juicio, simplemente era el aroma delicado del fracaso...
Un temblor se apoderó de mi ser, la sangre fría como la hiel me recordaba la perturbación que le había ocasionado.Tenía que resolver aquel problema; la soberbia y el rencor se habían apoderado mí en aquel instante. En este preciso momento, en mí residencia solitaria, el dolor y el arrepentimiento se hacen presentes. Es una lucha interna, una batalla entre mi orgullo e inteligencia, una burla a mi sano juicio, simplemente era el aroma delicado del fracaso...